Critican que las cuadrillas de operarios contratados por constructoras de fuera de las islas trabajan todos los días de la semana «No podemos competir en precios», lamentan los empresarios locales.

FUENTE: DIARIO DE IBIZA, 14 MARZO 2016

César Navarro | Eivissa
Las pequeñas y medianas empresas pitiusas dedicadas al sector de la construcción y que han podido superar la implacable crisis económica que se inició en 2007 y que todavía sigue coleando, deben luchar ahora con la competencia «desleal» de las constructoras de la Península y extranjeras. La patronal pitiusa denuncia que estas empresas pagan «verdaderas miserias» a sus empleados, incluso seis, siete u ocho euros por hora de trabajo, y que estos no descansan «ni un día, trabajan de lunes a domingo», relata la presidenta de la Asociación de Constructores de la Pimeef, Consuelo Antúnez.

En el sector pitiuso se ha instalado desde hace ya tiempo un malestar que crece a medida en que las grandes obras se quedan en manos de empresas de fuera de la isla. «No tenemos problema en competir y somos conscientes de que las constructoras de la Península o de cualquier otro país pueden y deben trabajar en las Pitiüses. El problema es que no jugamos con las mismas cartas», lamenta Antúnez.

Además de los salarios muy por debajo de lo que fija el convenio y de las condiciones laborales, se detecta una práctica muy extendida sobre todo entre los empresarios extranjeros difícil de combatir principalmente por el «escaso trabajo» de inspección. Según Antúnez, «son empresas extranjeras que traen a compatriotas menos de 180 días, que es el plazo que marca la ley para tributar en España, para que regresen y entonces cotizar y contratarles con las condiciones de sus países de origen, normalmente mucho menos exigentes que la española».

Ausencia de inspecciones
El problema, agrega, es que el plazo no suele cumplirse porque nadie lo controla por esa carencia endémica de inspecciones. Esta circunstancia se produce también en Mallorca, confirma la secretaria de organización del sindicato Comisiones Obreras (CCOO) en Balears, Araceli Palomino.

«Son sobre todo empresas de Portugal que ofrecen condiciones de contratación muy precarias a sus empleados, que además comparten vivienda entre siete u ocho durante el tiempo que trabajan en las islas», explica Palomino.

Tanto Consuelo Antúnez como esta sindicalista e incluso el presidente de la gestora de UGT en las Pitiüses, Fernando Fernández, coinciden en señalar que todas estas circunstancias provocan que el dinero que genera la construcción en las islas no revierte en el mercado interno. «Se va todo fuera; la empresa contratada se trae sus trabajadores e incluso compra el material fuera de la isla».

Fernández apunta que incluso hay cuadrillas de trabajadores que no descansan ningún día a la semana y que acumulan hasta diez y once horas diarias de trabajo. «Nos llegan profesionales pitiusos que han rechazado trabajos porque lo que les ofrecían era más que ridículo; no quieren trabajar gratis», lamenta. «Los trabajadores que vienen de fuera no tienen la familia aquí y aprovechan para trabajar a destajo», añade.

Impagos de materiales
Hasta tal punto, advierte la portavoz de los constructores pitiusos, que algunas han dejado de pagar por material comprado a empresas de las islas cuando han acabado una obra. «Ves a buscarles después, es imposible porque desaparecen», relata Antúnez.

De hecho, esta profesional remarca que un porcentaje muy elevado de los proyectos que visan los arquitectos o de las obras que «se publican en estadísticas» en los medios de comunicación locales, «tienen una repercusión mínima o incluso nula en la economía pitiusa» por la presión de las empresas de fuera.

Medio centenar de empresarios plantan cara a la crisis
La Asociación de Constructores de Ibiza cuenta actualmente con un censo de medio centenar de empresas, el número más bajo de su historia.

Poco antes de que la burbuja del ladrillo estallara arrasando un mercado hasta entonces privilegiado, en esta asociación adscrita a la patronal Petita i Mitjana Empresa (Pimeef) había inscritas casi cien empresas. Eran los años 2006 y 2007 y la construcción empleaba a miles de trabajadores. «Ahora aguantamos como podemos, pero sí es cierto que llevamos dos años manteniendo el mismo número de empresas, y eso significa que dejamos de decrecer», explica su presidenta.

Consuelo Antúnez añade que la mayor parte son pequeñas y medianas constructoras familiares. «Nos cuesta muchísimo competir con empresas que laboralmente no cumplen y que por lo tanto tienen gastos mucho menores y pueden optar a los concursos con ofertas mucho más baratas que nosotros».

«Todos los socios se quejan últimamente de que pierden trabajos porque se los dan a empresas de fuera con menos gastos porque contratan a seis o siete euros por hora de trabajo y se traen sus propios trabajadores». Consuelo Antúnez advierte de que éste no es un problema únicamente para las empresas; también para el tejido social pitiuso, porque se pierden puestos de trabajo y el dinero de estas grandes obras «no se queda en la isla».

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