Informaciones diversas del sector náutico ibicenco durante el mes de julio.

FUENTE: LA VOZ DE IBIZA, 20 JULIO 2026

El chárter náutico de Ibiza da el verano por perdido: el golpe se ceba con las tarifas más bajas
El sector prevé descensos de entre el 20 % y el 30 %, pero operadores consultados por este diario matizan el diagnóstico: el desplome es más claro en el segmento más económico, mientras la gama alta aguanta. Detrás, un problema de costes, amarres y precios que viene de lejos.

David Flier
El sector del alquiler náutico de Ibiza ha dado por perdido el verano antes de que termine. La patronal cifra la caída de la actividad en una horquilla de entre el 20 % y el 30 % respecto a un ejercicio que ya venía tocado. Pero la fotografía, según los operadores consultados por este diario, no es uniforme: el retroceso se concentra en el segmento de tarifas más bajas, mientras las embarcaciones de gama alta resisten. Y las causas, coinciden las empresas, van más allá de una mala racha puntual.

El presidente de la Asociación de Náutica de Ibiza y Formentera, integrada en Pimeef, Ramón van der Hooft, viene describiendo desde comienzos de julio una temporada «muy negativa». En sus recientes intervenciones ha situado el descenso de la actividad en esa franja del 20 % al 30 %, que se sumaría —según él mismo recordó— a la caída del 15 % ya registrada el pasado verano. La actividad, advierte, ha quedado muy por debajo de las previsiones iniciales, hasta el punto de que algunas empresas podrían cerrar el verano sin llegar a cubrir sus costes. La crisis no es nueva, pero se agudiza.

En su relato, el arranque de temporada estuvo marcado por el mal tiempo de abril y mayo. A partir de ahí, el sector confiaba en captar un turismo «prestado» de alto poder adquisitivo al calor de la inestabilidad internacional —el conflicto en Oriente Próximo, entre otros factores—, un desvío de visitantes hacia Baleares que finalmente no se produjo. Tampoco la baza del turismo de lujo ha terminado de salvar los números, lastrada este año por la celebración del Mundial de fútbol.

A ese contexto se suma un cambio en los hábitos del visitante. En declaraciones a Onda Cero, Van der Hooft apunta a una estancia media que ronda actualmente los 3,8 días y que concentra la demanda en el fin de semana, con puertos «prácticamente vacíos» durante buena parte del resto de la semana. El turista, además, llega con el presupuesto ya comprometido en transporte, alojamiento y ocio nocturno, de modo que la oferta náutica queda relegada a la última de las prioridades.

Sobre esa demanda debilitada pesan, por último, unos costes al alza. El presidente de la asociación insiste en un problema que el sector arrastra desde hace años: la falta de amarres, que encarece el mantenimiento de las embarcaciones, a la que se añade una escasez de personal que obliga a ofrecer contratos estables para poder cubrir las plantillas. El balance definitivo, sostiene, habrá que hacerlo al terminar el verano.

No todos caen por igual
El diagnóstico de fondo lo comparten las empresas, pero el detalle lo matiza. Dos compañías de alquiler náutico de la isla, que prefieren no ser identificadas, aportan a este diario una lectura menos uniforme de la temporada.

Un segundo operador coincide «en todo» con la valoración de la patronal, aunque su propia situación es mejor de lo que sugiere el titular: mantiene un nivel de reservas por encima del año pasado y equiparable al de 2024. La advertencia es que ni 2024 ni el verano anterior fueron buenos años para el chárter. «Los números serán malos», resume. Agosto sumará más salidas, admite, pero «el daño ya está hecho»: con un mayo, junio y julio tan flojos, considera imposible salvar el conjunto de la temporada aunque el mes central se llene, algo que da por dudoso. Las medidas para el próximo verano, añade, tendrán que analizarse en invierno, con todos los datos sobre la mesa.

Otra empresa consultada introduce el matiz más revelador. Su temporada, explica, se mantiene «similar a la del año pasado, que fue bastante bueno»: ni sube ni baja. Recuerda, además, que en los ejercicios en que otras firmas denunciaban descensos porcentuales, su negocio crecía en esa misma proporción. La percepción, reconoce, es que la mayoría del sector se queja de ir a peor. Su explicación apunta directamente al bolsillo del cliente: la isla ha alcanzado unos precios «bastante altos» y el público de presupuesto medio y bajo, sostiene, ya no puede permitírsela.

Ahí está, para este empresario, la clave de la caída. Las firmas que más acusan el bajón son las que operan con barcos de ticket más económico. «El público que se permitía un barco de unos 800 euros ya no viene», resume. En un mercado que este operador divide en franjas que arrancan en los 600-1.200 euros por jornada y escalan hasta más de 10.000, es precisamente el tramo inferior el que se está quedando sin clientela, mientras la gama alta encuentra acomodo.

El resultado es un sector que se resiente de forma desigual y que apunta a factores de fondo —amarres, costes crecientes y un nivel de precios que expulsa al visitante de menor poder adquisitivo— más allá de la coyuntura de un verano concreto. La foto completa, en cualquier caso, tendrá que esperar al balance de otoño.

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FUENTE: LA VOZ DE IBIZA, 22 JULIO 2026

El chárter náutico de Ibiza, atrapado en la resaca de su propia burbuja pospandemia
El sector encara su tercer año consecutivo de caída, arrastra casi el doble de flota que antes de la pandemia y no logra corregirse porque un barco sin amarre no vale nada. Y el ajuste castiga antes a las esloras pequeñas.

David Flier
La crisis del chárter náutico de Ibiza no se explica solo por el mal tiempo de la primavera, la incertidumbre internacional o el Mundial de fútbol. Esos son los golpes de este verano, los que dejaron la temporada por perdida. Debajo hay algo más lento y más profundo: la resaca de una burbuja que se infló durante la pandemia y que el mercado todavía no ha terminado de corregir. El presidente de la Asociación de Náutica de Ibiza y Formentera, integrada en Pimeef, Ramón van der Hooft, lo resume en una conversación con este medio sin demasiados rodeos: «Este es el tercer año consecutivo que tenemos caída», y el sector ni siquiera es capaz de frenarla.

Una flota que se duplicó
Para entender el presente hay que volver a 2020. Tras el confinamiento llegaron, según Van der Hooft, dos temporadas de posguerra sanitaria «increíbles» para el sector: con el ocio nocturno paralizado y los beach clubs restringidos, el barco era prácticamente la única forma de hacer turismo seguro y sentir «una cierta libertad». La demanda se disparó sobre un producto que, en aquel momento, representaba justamente eso. Y donde hay demanda alta y negocio aparente, aparece el dinero: mucha gente compró embarcaciones e invirtió en el modelo convencida de que era un gran negocio.

El problema llegó después, cuando todo volvió a la normalidad. Las discotecas reabrieron, los beach clubs recuperaron a su clientela, cada temporada estrenan conceptos y hoteles nuevos. El dinero que el visitante trae a la isla ha vuelto a repartirse entre muchas más opciones de ocio. Pero la flota que creció al calor de la pandemia sigue ahí. «Hemos vuelto a la normalidad, pero con quizás casi el doble de producto», sintetiza. El resultado es una sobreoferta estructural: los mismos turistas —o menos— repartidos entre casi el doble de barcos.
La «limpieza» que el mercado no termina de hacer

Van der Hooft no ve que esa distorsión vaya a corregirse sola por el lado de la demanda. No espera que el año que viene aparezca de repente una clientela mayor que cambie el panorama. La salida, entiende, será por el lado de la oferta: «En algún momento va a haber una limpieza y una reducción de flota», porque la relación entre oferta y demanda está, a su juicio, demasiado desequilibrada para reequilibrarse de forma natural. Dicho de otro modo: ahora toca ver quién tiene más aguante y quién termina tirando la toalla. Muchos propietarios, apunta, ya tienen sus barcos a la venta, tras comprobar que el modelo no era lo que esperaban.

La trampa del amarre
Aquí aparece la pieza que hace que esta crisis no se parezca a ninguna otra, y que explica por qué el ajuste va tan lento. En Ibiza, un barco sin amarre no vale casi nada, y para venderlo hay que venderlo con el amarre. Eso encierra al propietario en un bucle: aunque la embarcación dé pérdidas en la operativa, le sale más a cuenta seguir pagando el amarre y el mantenimiento que soltarlo.

Van der Hooft lo ilustra con un caso teórico. Alguien que invirtió un millón de euros en un barco y afronta 100.000 euros anuales de gasto puede llegar a mantenerlo aunque le cueste 50.000 al año a pérdida: en el momento en que deja de pagar amarre y mantenimiento, el barco queda varado en una explanada, se deprecia sin control y deja de ser vendible. «Un barco sin amarre no tiene ningún valor», resume. Es la peor de las situaciones convertida en la menos mala: se aguanta la sangría para no destruir el activo. Y mientras tanto, esos barcos siguen en el mercado, alimentando la sobreoferta que hunde los precios.

Costes que, al revés que todo lo demás, no bajan
La segunda anomalía es la de los costes. En un sector como el inmobiliario, cuando llega un ajuste todo cae: baja la vivienda, baja la obra, baja el material. En la náutica de Ibiza no ocurre. La actividad está paralizada, pero los proveedores siguen a pleno rendimiento: los puertos están llenos a rebosar y los mecánicos y las empresas de mantenimiento «no dan abasto». No hay, por tanto, ningún alivio por el lado de las compras.

El desajuste es brutal. Según su valoración, el gasto sube en torno a un 10-15 % cada año —amarre más caro, mecánico más caro, mantenimiento más caro— mientras que los precios de alquiler llevan años estancados o, como mucho, con reajustes de un 5 %, porque la sobreoferta impide trasladar esos costes al cliente. A menos margen se suma menos actividad. «Duele por los dos lados», resume.

Amarres: sin horizonte a medio plazo
Todo desemboca en el mismo cuello de botella estructural, el mismo que ya condicionaba la llegada de nuevos actores como Uber Boat: la falta de amarres. Y ahí Van der Hooft no ofrece una salida rápida. Nuevos puertos deportivos no habrá: la administración descartó hace un par de años desarrollar proyectos en otros emplazamientos. El único margen llegará, si acaso, con la aprobación del Plan Especial del Puerto de Ibiza, que permitiría aprovechar mejor el espejo de agua actual mediante marinas secas y una nueva ordenanza de amarres para crear más plazas en el mismo espacio.

Lo lógico sería que una burbuja así acabara reventando, admite, pero no hay indicios de que vaya a pasar. Donde hace dos o tres años era «imposible» conseguir un amarre, hoy empiezan a aparecer posibilidades, aunque la escasez persiste. Tanto, que el orden de las cosas está invertido: primero hay que asegurarse el amarre y solo después cerrar la compra del barco. Hacerlo al revés, avisa, es «una ruleta rusa».

El turista que ya no quiere el día entero
A la ecuación se suma un cambio en el propio cliente. La estancia media, cada vez más corta, obliga al visitante a comprimir muchas experiencias en pocos días —también para alimentar las redes sociales—, y la salida en barco compite con todo lo demás. El sector vende una escapada de ocho o nueve horas con tripulación y capitán fijos, pero cada vez le piden más paseos de dos, tres o cuatro horas que no le resultan rentables.

Hasta el reloj del ocio nocturno juega en contra: ahora hay fiesta que arranca a las seis de la tarde. Las clásicas salidas de puesta de sol, con calma, apenas se solicitan ya; el cliente prefiere zarpar temprano y estar de vuelta en el puerto a media tarde porque «hay otro programa» después.

Por qué la parte baja del mercado se hunde primero
Todo lo anterior no golpea por igual. La crisis se ceba con las esloras pequeñas, y Van der Hooft aporta la explicación numérica. Por un lado, la oferta está desproporcionada: hay muchos más amarres de barcos de 10 y 12 metros que de 15 a 20 metros. Eso convierte el día a día de los barcos pequeños en «una subasta diaria» para colocarlos.

Por otro, la tendencia del turista va justo en dirección contraria: Ibiza se consolida como destino premium. El propio empresario lo constata en su flota, donde hoy los barcos grandes, de 18 a 20 metros, salen más que los pequeños de 12. Hace cinco años era exactamente al revés: un barco de 12 metros hacía entre 100 y 120 salidas por temporada y uno de 20 se quedaba en 60 u 80. Esa relación se ha invertido. El segmento más económico, el que más creció en la burbuja, es hoy el que más oferta acumula y menos demanda encuentra.

De ahí que el ajuste que viene —esa «limpieza» que Van der Hooft da por inevitable— no vaya a repartirse de forma equitativa. Quién aguante y quién tire la toalla dependerá, en buena medida, del tamaño del barco. El balance definitivo, insiste el sector, habrá que hacerlo en invierno, con todos los números sobre la mesa.

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FUENTE: DIARIO DE IBIZA (suscripción), 19 JULIO 2026

Sector del chárter: "La última temporada fue regular, pero esta es muy mala"

El presidente de la Asociación Náutica de Ibiza y Formentera, Ramon van der Hooft, señala a la menor estancia media del turista y la sobreoferta como causantes de la delicada situación de estas empresas

Miguel González
«Si la temporada pasada fue regular, esta es directamente mala». Ramon van der Hooft, el presidente de la Asociación Náutica de Ibiza y Formentera, describe con estas palabras tan rotundas la situación económica de las empresas dedicadas al alquiler de embarcaciones. Observa que estas dificultades son las mismas «para todas las esloras y para todas las empresas», por lo que es difícil encontrar motivos para el optimismo: «Está siendo duro y muy complicado».

El presidente de la entidad asociada a la Pimeef señala que durante los fines de semana las condiciones mejoran y las compañías «recuperan un poco» y añade que alcanzan ocupaciones del 80 o el 90% «con suerte». Durante los demás días, la demanda solo alcanza a cubrir alrededor del 50 o el 60% de las plazas que las empresas ponen a la venta. Apunta que todavía ninguna firma ha alcanzado el ansiado 100% a pesar de encontrarnos a mediados de julio, por lo que ya han «perdido la esperanza de sacar la totalidad de la flota».

Van der Hooft explica que hay un doble motivo para que el sector haya llegado a estas cifras tan negativas. El primero es que los visitantes cada vez realizan estancias más cortas en la isla: «Ibiza se ha convertido en un destino de tres o cuatro días y no de semanas». Además, se fija en que el turismo familiar «se está perdiendo cada vez más» y en que el poder adquisitivo de quienes deciden pasar sus vacaciones en la isla «ha bajado bastante».

Por eso, el representante de la asociación náutica duda de que los grandes datos de entradas de visitantes que registra el aeropuerto sean representantivos de la marcha de la economía ibicenca: «Ellos mueven más personas cada vez, pero eso no significa que hay más personas en la isla».

MÁS INFORMACIÓN en Diario de Ibiza

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FUENTE: RADIO IBIZA, 4 JULIO 2026

El chárter náutico de Ibiza sigue de capa caída este verano

Aseguran las empresas del sector que el Mundial está lastrando la actividad en temporada alta.

Víctor Guerrero
El sector del chárter náutico de Ibiza empezó mal la temporada turística y no parece que las cosas estén mejorando. En abril y mayo fue por la meteorología, a lo que se ha sumado la situación bélica en Oriente Próximo y ahora el mundial de fútbol.

El presidente de la Asociación de Náutica de la Pimeef, Ramón Van der Hooft, dice que arrancaron "con optimismo", por un posible turismo prestado de alto poder adquisitivo, como árabes o rusos, pero finalmente, esos grandes yates no han recalado en Ibiza.

La otra gran baza del sector, la de los futbolistas y el turismo de lujo, tampoco salvará los números, dice, por culpa del mundial, con lo que las previsiones del sector hablan de caídas de entre el 20 y el 30% de la actividad este año, "que se suma al descenso del 15% que ya sufrimos la pasada temporada".

Malas previsiones, en un momento en el que el sector está inmerso en el reto de la descarbonización y la electrificación. Explica Van der Hooft que muchos astilleros ya están apostando por las embarcaciones eléctricas, a las que muchos puertos deportivos dan preferencia. Se avanza a buen ritmo en las pequeñas esloras, pero ve más complicado que las grandes esloras puedan avanzar en la línea que marcan las normativas europeas.

Van der Hooft prevé que la actividad seguirá cayendo, porque las actividades náuticas son la última prioridad de unos turistas que, generalmente, visitan la isla durante 4 días y que ya han hecho "desembolsos importantes con el transporte, el alojamiento y el ocio nocturno", así que apenas les queda presupuesto para la oferta complementaria y las actividades náuticas.

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