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Un millar de personas trabaja en este sector, que inicia ahora una 'travesía del desierto'. FOTO: Diario de Ibiza.

FUENTE: DIARIO DE IBIZA, 13 MAYO 2020

Joan Lluís Ferrer - Eivissa
El tremendo hachazo que la crisis del coronavirus ha asestado a la industria náutica pitiusa no permite augurar una recuperación ni a finales de este verano ni a lo largo del que viene. En todo caso, «a partir de 2022» será cuando las aguas empiecen a volver a su cauce, y no se sabe aún si a los mismos niveles que el año pasado. Este es el pronóstico que hace el presidente de la Asociación de Náutica de la Petita i Mitjana Empresa d'Eivissa i Formentera (Pimeef), Ramón Díaz, así como otros profesionales del sector de las islas.

Mil familias viven, según las estimaciones de la patronal, de esta actividad, que se subdivide en varios gremios más específicos, como los talleres de mantenimiento y reparación, las empresas de alquiler de barcos chárter y los vendedores de embarcaciones y efectos náuticos, entre otros. Todos ellos están sufriendo los efectos de la crisis y el negocio previsto para este año quedará limitado a «cifras testimoniales», basadas en el mercado doméstico, que a duras penas servirán para amortiguar los efectos de la caída. La recuperación queda para más adelante.

«Tenemos ante nosotros dos años largos para recuperar el ritmo, porque cuando hay una crisis, la náutica es el primer sector que se para y el último que se recupera. Así se vio en 2008. Los barcos recreativos no son algo imprescindible», explica Díaz.

Los que más sufrirán las consecuencias son los dueños de embarcaciones chárter para la realización de excursiones y alquiler a particulares. Ibiza es la isla de Balears que, proporcionalmente, más barcos tiene de este tipo, con 665 embarcaciones dedicadas a ello, según la Asociación de Náutica. Ello supone que «el 23% de todo el chárter de Balears se encuentra en las islas de Ibiza y Formentera», según el presidente de la entidad. Es una demostración más de la hiperespecialización turística de las Pitiusas, que las dejan a merced de todas las turbulencias y las hacen especialmente frágiles en crisis como la actual.

El propietario de una embarcación chárter «ha de hacer frente a muchos gastos, empezando por el pago del amarre (Ibiza cobra los precios más elevados de Europa, según las estadísticas de la Pimeef), y continuando por el pago del propio barco», que muchos empresarios adquieren mediante créditos que, a menudo, aún no han terminado de liquidar.

Optimismo en los talleres
El único sector náutico que ha empezado a reactivarse es el de los talleres, astilleros y centros de mantenimiento, dedicados a reparaciones, limpieza y pintura de embarcaciones. «Ellos sí están empezando a ver luz al final del túnel, pues todos los varaderos están completos e incluso con turno de espera», afirma el presidente de la Asociación de Náutica.

Se trata de un subsector importante, porque de las 1.000 familias que viven de la náutica en Ibiza y Formentera, unas 600 de ellas trabajan en reparación y mantenimiento de embarcaciones. Este reinicio de actividad supone, por tanto, un alivio relevante tras el forzoso parón de los últimos dos meses.

Es un colectivo que tras la crisis de 2008 resultó profundamente atomizado, al desaparecer algunas grandes empresas dedicadas a ello y quedar repartido el negocio entre muchos pequeños empresarios y autónomos, explica Ramón Díaz.

Las ventas de barcos, por su parte, están paradas desde que empezó todo, a mediados de marzo. Las ventas de abril, si se observan las estadísticas de matriculación, cayeron un 77% (un 79% si se refieren específicamente a barcos chárter), pero esas cifras no demuestran suficientemente la crudeza de la situación. «La realidad aún es peor. Las ventas en realidad han caído al 95%, porque barcos que se han entregado en abril en realidad se habían comprado antes», explica Díaz.

La situación tardará en normalizarse, porque, para empezar, los grande salones de otoño (Cannes, Palma o Barcelona), que es donde se genera el 75% de las ventas, están o bien cancelados o a punto de suspenderse. Alguno de estos salones estudia reconvertirse en una convención virtual para mantener al menos parte del flujo comercial.

La posibilidad de acogerse a Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) «es lo que ha salvado a muchas empresas», puesto que de lo contrario habrían tenido que afrontar gastos aún mayores, sin tener ningún ingreso.

Falta de seguridad
En estas condiciones, la situación en los puertos deportivos no irradia tampoco ningún optimismo. El director de Ibiza Botafoc, Raúl Prats, admite que «hay peticiones de amarre para este verano», pero lo cierto es que las reservas se sitúan aproximadamente en un 30% respecto a las del año pasado.

«Recibimos bastantes llamadas de personas informándose sobre la situación, especialmente para los meses de julio y agosto», afirma Prats, quien sin embargo admite que la situación no es fácil: «Quienes se interesan por los amarres quieren estar seguros de que si vienen a Ibiza podrán fondear, podrán entrar y salir con seguridad. Por eso están más bien a la espera».

El responsable de este puerto deportivo recuerda que «cada país gestiona esta situación de una forma diferente» y ello hace que aún esté todo «un poco en el aire». La sensación de incertidumbre sobre cuál será el panorama normativo dentro de dos o tres meses es lo que más frena la formalización de reservas, «pues la gente quiere estar segura de lo que va a pasar», reitera.

La fase 1 de desconfinamiento permite la navegación recreativa hasta una distancia de doce millas desde el puerto donde se tiene el amarre, según los últimos decretos del Gobierno. Por ello, muchos residentes se animan a retomar su afición náutica y a lanzarse al mar.

De hecho, Raúl Prats considera que la actividad de Botafoc Ibiza «será más con turismo residente, porque hasta que no lleguen turistas extranjeros la cosa estará muy parada».

En realidad, una visita ayer a los principales puertos deportivos de la isla de Ibiza ponía de manifiesto que esta no es una temporada normal. La quietud era la nota dominante, porque ni las terrazas estaban abiertas (salvo algunas y otras que se preparan para hacerlo), apenas había barcos que entraran o salieran e, incluso, en las zonas de taller y astillero costaba encontrar a algún trabajador reparando o manteniendo embarcaciones, aunque alguno había.

En consonancia con el resto de actividades empresariales de Ibiza y Formentera, el sector náutico de las Pitiusas se prepara para una larga travesía del desierto que nadie sabe aún a ciencia cierta cuánto durará ni dónde desembocará.

¿Será posible aguantar en estas condiciones? «El que tenga la suerte de disponer de cierto fondo económico está claro que no cerrará y podrá resistir, pero otra cosa es aquél que no haya logrado reunir un fondo y tenga que hacer frente al pago de recibos o créditos. De esos, muchos tendrán que cerrar», afirma Ramón Díaz.

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